sábado, 13 de septiembre de 2008

El más bolado y maravilloso de todos:

Era 1998, yo tenía 35 años, mi hija mayor tenía 5 años y juntos los tres con mi esposo esperabamos con gran ansiedad al hermanito que acompañaría a nuestra Pacita. Pero, nunca llegaríamos a conocerlo y tenerlo entre nosotros.

Por más que yo me apliqué a la tarea de cuidarlo... me fui a la cama dos semanas enteras para ayudar a mi cuerpo a no expulsar esa maravilla. Supongo que el médico me dejó darme ese gusto por si acaso, no tenía él seguridad de que ésto resultara.

Sin embargo, debimos recurrir a la intervención quirúrgica para superar esa espera frustrada. No sé si el jefe de mi Nelson no tuvo mayor voluntad de darle a el tiempo para que me acompañe, o él no tuvo el coraje de quedarse varias horas esperando que yo saliera con el corazón desolado y vacío...

Estos antecedentes son necesarios para comprender la profundidad del relato más maravilloso...entre tanto dolor.

Recuerdo que ahora expongo en mi relato:

Ingresé al pabellón en camilla y ahí estaba mi buen doctor, quien me explicó lo que haría y me presentó a la anestesista. El volvió a salir, supongo que para hacer los lavados de manos del rigor médico. Mientras, la anestesista me hablaba y urgaba mis esquivas venas en ambos brazos, me pidió que la mirará fijamente y que contará...yo una vez más, aplicada, seguí al pie de la letra las instrucciones, tratando de no perder conciencia del momento en que me dormía. Pero no me enteré...

De pronto el médico vuelve y empieza su tarea, mientras yo miraba su accionar desde la cabecera de la camilla...ahí observaba como el manipulaba entre las piernas, mientras conversaba y sonreía con las señoritas que lo apoyaban. Terminada la tarea, sale del pabellón y yo reacciono tardíamente pidiendole que regrese...las niñas me miran asombradas y se miran entre ellas...argumentan que debo estar saliendo de la anestesia..se apuran.

Yo les explico que olvidé darle las gracias al doctor y ellas ignoran mis palabras como si yo no estuviera allí... Luego, me veo en un pasillo, con bata y con algo de frío, las paredes con azulejos blancos y azules, pequeños y jaspeados. Siento hacia la derecha del pasillo, a una mujer que llora, llora arto, llora mucho. Pienso:

"Pobrecita, porque llorará tanto...que pena". Bruscamente el llanto y yo nos acercamos, entonces despierto y descubro que soy yo la persona que llora. Un fuerte dolor oprime mi alma y corazón,...hace mucho frío.

Al salir de ese lugar...sacan la camilla por un pasillo frío, largo, con azulejos blancos y azules, pequeños y jaspeados.


Cotty

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